Un pie en la roca, un pie en el agua. Mmmm. Está buena, no hay olas, una piscina, un regalo. Me lanzo, bum, splash. Dentro. Fuera, saco la cabeza. Pruebo. Salado. Muy salado. Mmmm. Dentro de nuevo. Abro los ojos, luminoso y borroso, verde y azul, pies blancos. Silencio. Salgo, respiro. Gafas, tubo. Dentro, empieza la función. Erizos, roca, arena, algas. Nado, busco. Encuentro. Un pez, pequeño. A rayas. Solo. Raro. Sigo. Otro pez, mediano, redondo, comiendo... ¿otros peces? minúsculos. Me oigo respirar, sigo. Me acerco a la roca. Cuidado, olas. Ruido, espuma. Qué diferente de este lado, desde abajo. Y más peces. Uno de colores, uno negro, uno feo, uno simpático. Y uno grande. Y más amigos del grande... ¿un banco? ¡un banco! Plateados y naranjas. Brillan. Paro. Floto, no quiero que me vean. Se reorganizan, parece que no saben a dónde van ¿me han visto? Intentan estar quietos pero la corriente les mece, despacio, hacia delante, hacia detrás. Son muchos, lo llenan todo.
El tiempo se para un instante.
Y siguen. Brillan. Se alejan.
Esta noche dormiré, yo también, meciéndome en la ola.

Salpa (foto: wikipedia)
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