Se me había olvidado el placer de las noches de julio. Baja el calor, viene la brisa, se oyen los grillos desde cualquier macetero de la ciudad. Huele a jazmín, huele a mar, a verano, a pesar del asfalto.
Esta noche he acompañado a mi madre a ver una casa, quizá haga un cambio en su vida y quería mi opinión. Cuando la he visto, me he quedado asombrada: es lo más parecido a la primera casa que compartimos juntas. La que le vio crecer a ella, la que le vio convertirse en mamá y donde crecí yo después hasta los 3 años. Y de la que siempre me ha sorprendido recordar todos los detalles. Entonces le he mirado a los ojos y me he dado cuenta de que sólo yo podía percibir hasta qué punto ése era el sitio que ella estaba buscando. Y de repente he sentido que, más que madre e hija, somos compañeras de vida.
Y que cuanto más mayor me hago, más comprendo de ella, más comprendo de mí a través de ella, y más la quiero por lo que es.
No se me ocurre poner otra música que una de las canciones que escuchaban ella y mi padre cuando se conocieron en aquellos años. Y cuando decidieron, algo después, y tranquilamente, seguir su camino por separado. Siempre me ha parecido, en secreto, que esta canción cuenta un poco de su historia...
Now here you go again you say, you want your freedom
Well who am I to keep you down...
sábado, 3 de julio de 2010
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