El buen adiós, el definitivo.
"Allí" ya no me queda nada. "Aquí" ya tengo todo lo mío, ahora sí.
Y, ahora, también, el vértigo.
Porque, en el fondo, me siento a gusto sólo en un punto del espacio geométricamente equidistante entre allí y aquí.
Un punto donde, además, no hay nadie más.
¿O sí? Quizá todos los que ya fueron y volvieron...
martes, 21 de septiembre de 2010
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