Nuevo trabajo, nuevos compañeros, nueva rutina... y amigos antiguos con vidas nuevas. Y, con ellos, una montaña con mar al fondo y cielo azul, con los mismos árboles y suelo rojo, mismo calor, mismo sudor de siempre... pero con ojos nuevos.
Campos de naranjos o mandarinas que sigo sin distinguir, un señor gorrilla de barriga esférica y cara arrugada por el sol, un pueblo feo, cuatro amigos de despedida de soltero, seguidos por una orquesta (desproporcionadamente) enorme por la calle, un bar de mármol y espejos, con fútbol y máquina tragaperras.
El mismo plan de muchos años: monte, bocata, más monte, pueblo y bar. Pero todo, todo, todo, en el fondo es diferente. Y eso es una dulce, tranqui, sorprendente y extraña sensación. Tan ligera y pasajera como un olor a algo pero que no sabes a qué. Y que, si pudiera, guardaría en una cajita para ir saboreándola...
______________________________________________________
Y una canción que invita a apartar todos los muebles, y dar vueltas y vueltas con los brazos abiertos... hasta caer rendido
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario