domingo, 6 de febrero de 2011

Antonio

Antonio es un taxista casi cualquiera. Antonio no se llama Antonio, pero le pondremos ese nombre a falta de otro. Antonio sufre un problema de médula y recibió la invalidez completa durante un tiempo. Harto de calentar el sofá, movió cielo y tierra para que el médico y el juez, entre otros, le redujeran la invalidez. "Para poder trabajar", dice, y se hizo taxista. Los años pasaron, y Antonio se compró un piso, se casó y tuvo un hijo. Pero un buen día llego La Crisis y con ella El Banco. El piso dejó de pagarse y El Banco le comunicó que se lo quitaría, más 50.000eur por gastos ("gastos de robo", supone Antonio). Antonio, que se quedará sin casa pero no sin hijo que mantener, cuenta que sólo le quedan 2 opciones: o se muere o se hace invalido otra vez, para que el seguro de vida le pague el piso. Y como lo que le falta de dinero le sobra de temple, dice con voz calmada:
"Nada, la única que me queda es irme con el taxi a la rotonda ésa que me han dicho que hay tanto golpe, hasta que me dé uno por detrás y me ponga de invalido otra vez"

Pago el taxi, le deseo suerte, cierro la puerta y pienso intensamente "Ojala encuentre usted a uno que le dé por detrás".

Un extraño deseo...

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