Dame un desierto, sol, cactus y mar al fondo. Y viento, mucho viento. Como banda sonora, el rugir de las olas y los cencerros de las cabras, con algún pájaro que canta y chilla a partes iguales. Y como telón de fondo, montañas redondas y multicolores que fueron volcanes. Así es la isla acamellada, como llamó Unamuno a Fuerteventura.
Cuando, después de 4.000 años, ríos de lava inmensos sólo se han fracturado y convertido en pedregales, es fácil deducir que, en realidad, el ser humano es nada, o casi nada, en toda la historia de La Tierra.
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