Hay días que abres los ojos y todo es negro, el edredón se pega a la piel y aniquilarías a quien te ha despertado, en mi caso el señor de Radio Clásica (quien todavía no entiende que la ópera de 7 a 8 se atraganta en el tímpano).
El día arranca y, sobretodo, te arrastra. Amigos son enemigos, enemigos son demonios y dependientes y "Atenciones al Clientes", partes de ese videojuego cuya última pantalla, si llegas, te premia con volver a esa cama de la que nunca debiste salir.
Las emociones van pasando del miedo (¿aguantaré hasta el final?) a la rabia (mecagüen... ¿quién? pues mira en ti por preguntar) a la tristeza (es que todo me sale mal) a la risa (es que este mal día es de manual...!).
Y leyendo con ojos llorosos ese dictador implacable que es tu calendario iCal/gCal o SalvemosALasBallenasCal, un rayito de luz llena tu conciencia, un ataque de risa revuelve tus entrañas, porque...
Ah! 7 días son una semana y 28 son un mes, entonces...
Mañana me viene la regla.
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